Desde 2022, la OMS reconoce oficialmente el síndrome de desgaste profesional en la CIE-11, bajo el código QD85. No es "estar cansado": es el resultado de un estrés crónico en el trabajo que no se ha gestionado con éxito, y se manifiesta en tres dimensiones muy concretas — agotamiento, distancia mental o cinismo hacia el trabajo, y una sensación de ineficacia que erosiona el rendimiento.

El INSST lleva años documentándolo a través de sus Notas Técnicas de Prevención (NTP 704, 705 y 732): no es un problema del carácter de la persona, sino de las condiciones organizativas en las que trabaja. Y precisamente por eso, se puede prevenir.

Detectarlo a tiempo protege a las personas y también a la organización: menos rotación, menos bajas, un rendimiento más sostenible. Evaluar los riesgos psicosociales no es un trámite — es cuidar lo que hace que un equipo funcione.